- Los jueces que decidirán son de familias migrantes y tienen en sus manos definir el futuro del derecho a obtener ciudadanía por nacer en Estados Unidos, que Trump quiere eliminar.

La Corte Suprema de Estados Unidos se prepara para una de las deliberaciones más trascendentales de su historia reciente. El próximo 1 de abril, los nueve magistrados que integran el máximo tribunal del país analizarán la validez de la ciudadanía por derecho de nacimiento, un pilar de la identidad estadounidense consagrado en la Decimocuarta Enmienda. La controversia escaló tras el decreto del presidente Donald Trump, emitido el 20 de enero de 2025, que busca eliminar la garantía de ciudadanía automática para hijos de inmigrantes indocumentados o personas con visas temporales.
Al centrar el debate en la cláusula que exige estar «sujeto a la jurisdicción» de EE. UU., el Gobierno pretende redefinir quién tiene derecho a ser llamado estadounidense desde la cuna. Lo particular de este caso es que la decisión recae sobre un grupo de jueces cuyas propias historias familiares son un reflejo de los procesos migratorios que hoy están bajo la lupa.
CON RAÍCES MIGRANTES
Para varios de los magistrados, el «sueño americano» comenzó con un antepasado que desembarcó en busca de oportunidades. Es el caso del presidente de la Corte, John Roberts, cuyos ancestros llegaron desde un pueblo minero en Inglaterra y de regiones de la actual Eslovaquia, huyendo de hambrunas y tensiones políticas para establecerse en los centros industriales de Pensilvania. En una línea similar se encuentra el juez Samuel Alito, hijo de un inmigrante italiano que llegó en 1914. «El verdadero nombre de mi padre era Salvatore Alati, y cuando estaban en Ellis Island o cuando los niños iban a la escuela, todos sus nombres italianos se cambiaban por nombres americanizados, así fue como mi padre se convirtió en Samuel Alito», relató el magistrado en una entrevista con un diario italiano en diciembre pasado, según citó el medio CNN.
MÁS EJEMPLOS …
Por su parte, la jueza Elena Kagan desciende de inmigrantes judíos rusos que hablaban yiddish y provenían de territorios que hoy pertenecen a Ucrania. Sus abuelos llegaron a principios del siglo XX, integrándose a la vida académica y legal de Nueva York. Los magistrados afroamericanos cargan el peso de la historia y la esclavitud, pues su llegada al país no fue una elección, sino un legado de dolor y resistencia. La jueza Ketanji Brown Jackson ha documentado cómo sus antepasados fueron traídos encadenados desde África para trabajar en plantaciones de Georgia y las Carolinas. En sus memorias de 2024, Jackson destaca que solo después de la Guerra Civil los nombres de sus familiares empezaron a aparecer en los registros oficiales.
El juez Clarence Thomas comparte una narrativa similar, originaria de las comunidades «Geechees» y «Gullahs» en las costas del sur. «Mi abuelo fue criado por su abuela, quien había nacido en la esclavitud», afirmó Thomas durante una charla en la Facultad de Derecho de la Universidad de Notre Dame, recogida por CNN. El magistrado recordó cómo su abuelo, a pesar de no saber leer, le inculcó un respeto sagrado por el lenguaje y la educación.
No todos los jueces tienen un vínculo reciente con el extranjero. Hay quienes representan la expansión interna y los territorios estadounidenses. Por ejemplo: Sonia Sotomayor de origen puertorriqueño, sus padres llegaron a Nueva York en los años 40. Aunque nació en el Bronx, su identidad está ligada a la isla que pasó de manos españolas a estadounidenses, otorgando la ciudadanía a sus habitantes en 1917.
Por su parte Neil Gorsuch representa al Oeste americano. Es un coloradense de cuarta generación con raíces inglesas, irlandesas y alemanas que se remontan a siglos atrás.
Brett Kavanaugh es identificado con su herencia irlandesa, su bisabuelo llegó a finales del siglo XIX. Su familia mantiene un vínculo tan estrecho con sus raíces que su padre posee la doble ciudadanía. Amy Coney Barrett es originaria de Nueva Orleans, su linaje francés e irlandés se pierde en las generaciones de la historia de Luisiana, marcada por las tradiciones del Mardi Gras y la herencia católica.
- La Decimocuarta Enmienda, adoptada en 1868 para proteger a los esclavos liberados, dice textualmente: “Todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos, y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de los Estados Unidos y del Estado en el que residen”.





